Augusto José Ramón Pinochet Ugarte fue un militar chileno que dirigió la dictadura que
infestó el país Mapocho entre los años 1973 y 1990. Nació en Valparaíso el 25
de noviembre de 1915 y murió en Santiago el 10 de diciembre del 2006. El 11 de
septiembre de 1973 encabezó un golpe de estado que derrocó al presidente
Salvador Allende. Su dictadura fue repudiada no sólo en su país sino en el
resto del mundo debido a las constantes violaciones de derechos humanos
cometidos durante su totalitarismo.
Este
abominable personaje se caracterizó, entre otros aspectos, por ordenar la
eliminación de los cadáveres de sus opositores. Se creó una brigada dedicada a
la eliminación física de opositores llamada “Brigada
Lautaro”. El proceso que seguían fue el mismo que empleaba la DINA (Dirección
de Inteligencia Nacional). Envolvían los cuerpos con sacos paperos, amarraban
con alambre un trozo de riel al cuerpo, volvían a ponerlos en sacos, los que
ataban con más alambre y los transportaban en camionetas hasta el lugar donde esperaba
un helicóptero para, a su vez, trasladarlos hacia la costa de la V Región y
soltarlos mar adentro.
Pinochet,
en muchos de los casos, decidió el destino final de las víctimas, especialmente
la de los líderes comunistas. El número de víctimas durante su dictadura superó
las 40,000 personas, aunque según la Comisión Valech, dicho número habría
aumentado en 10,000 personas más. Pese a los nuevos resultados entregados por
dicha Comisión, la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos ha
criticado los mismos afirmando que el número de víctimas podría superar las
100,000 personas.
Algunas de
las víctimas ejecutadas son las siguientes:
- Salvador ALLENDE GOSSENS. Murió el 11 de septiembre de 1973 durante el ataque aéreo y de tierra, al Palacio de la Moneda que dio como consecuencia el golpe de estado e inicio de la dictadura de Pinochet.
- Víctor Lidio JARA MARTINEZ. Fue detenido el 12 de setiembre y conducido al Estadio Chile, fue interrogado por personal del Ejército. El 15 de septiembre fue el último día que se le vio con vida. Al día siguiente, en la madrugada, su cuerpo fue encontrado en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano por unos pobladores, junto a otros cinco cadáveres, entre los que se hallaba el de Littré Quiroga Carvajal. Conforme expresa el informe de autopsia, Víctor Jara murió a consecuencia de heridas múltiples de bala, las que suman 44 orificios de entrada de proyectil con 32 de salida.
- Roberto Enrique, ANFRENS FUENTES. Muerto el 17 de septiembre de 1973 en Santiago a causa de traumatismo cráneo - encefálico y torácico por heridas de bala.
- Marta Lidia UGARTE ROMAN. Detenida el 9 de agosto de 1976 por agentes de la DINA. Murió a consecuencias de las torturas a las que fue sometida. Su cadáver fue arrojado por sus captores al mar, pero no obstante las precauciones que éstos tomaron para evitarlo, fue encontrado semidesnudo y dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre, el 9 de septiembre de ese año en la playa La Ballena, ubicada en Los Molles. Según el informe de la autopsia, la afectada sufrió en vida una luxo fractura de columna, traumatismo tóraco-abdominal con fracturas costales múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera, y una fractura doble en el antebrazo derecho, habiendo fallecido el 9 de septiembre de 1976.
- Lorena del Pilar ESCOBAR. Murió cuando tenía solamente tres años de edad en Santiago el 8 de octubre de 1978. La causa de la muerte fue una herida de bala abdominal, con salida de proyectil.
- Manuel BRICEÑO BRICEÑO. Ejecutado el 18 de septiembre. Murió debido a “múltiples heridas de bala torácico – abdominales complicadas”.
- Rodrigo Andrés ROJAS DE NEGRI. Murió el 6 de julio de 1986 en Santiago a causa de las quemaduras infringidas por una patrulla militar durante una protesta contra la dictadura de Pinochet. Fue Abandonado aún con vida en la acequia de una zona rural, muriendo a los cuatro días en un hospital de la ciudad.
El 3 de diciembre 2006, Pinochet fue internado en el Hospital Militar de Santiago,
después de sufrir un infarto de miocardio y presentar un edema pulmonar. Si bien,
con el paso de los días presentó una leve mejora, el 10 de diciembre falleció a las 14:15 hora de Chile, el mismo
día en que su esposa cumplió 84 años de edad.
Pinochet
murió sin poder ser juzgado por muchos de sus crímenes y queda claro que le
faltarían varias vidas para poder cumplir con las condenas que se impondrían
por todos sus delitos. Antes de fallecer estaba siendo procesado por la
presunta autoría de delitos de secuestro, desapariciones, homicidios y torturas en al menos tres casos
por violaciones a los derechos humanos, además de un caso de fraude al fisco y
uso de pasaportes falsos en relación con el descubrimiento, en 2004 de
numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EEUU y otros bancos
del exterior, en las que acumuló una fortuna calculada hasta el momento en 26
millones de dólares. Empero, al fallecer, según las leyes chilenas, sus causas
fueron sobreseídas.
Queda aún una reflexión por hacer en mi calidad de ser humano, sin
pasaporte, sin bandera, sin himno. ¿Somos capaces de olvidar con la llegada de
la muerte? ¿Un país está destinado a repetir historias como esta cuando el
relajo de la memoria, las cortinas de humo, o los disparos de opiáceos inundan
nuestras mentes a través de medios de comunicación que incitan a enterrar el
pasado y consumir el producto “futuro”?
Me queda claro que nadie ha muerto en vano y si es necesario morir dos
veces en buena hora me ofrezco a tomar parte del experimento. He liberado mi
cuerpo de rencores, de revanchas, de extremo asombro pero aún conservo dosis
diluidas de dolor y espanto y una innumerable cantidad de imágenes de hermanos y
hermanas artistas, pensadores, trabajadores, padres y madres de familia, niños
y bebes que cayeron sobre el asfalto, la tierra y el cemento sin saber que
aquella mañana que despertaron iba a ser la última en la que respirarían su
último halo de libertad. Ahora todo está en nuestras manos. Depende de nosotros
que sujetos como este sean recordados en cada libro de historia que se pide en
las escuelas como parte de la decadencia del ser humano, depende de nosotros
que las futuras generaciones sepan reconocer el rostro de este ser despreciable
como un dictador que bañó un país de sangre y desconsuelo, depende de nosotros
que nadie más intente siquiera decidir por nosotros el día de nuestra muerte.




