Siento
la caída de las primeras gotas de lluvia fresca, el silencio ha fallecido con
la llegada del viento frío que apresura el viaje de las hojas secas, las aves se ocultan embraveciendo el
vuelo, la luna está naciendo junto a la inquietud de las sombras, ha despertado
la noche.
Acabo de conocer a la belleza, la miro incansablemente y nunca es
suficiente, la escucho y bailo al ritmo de la armonía embelesante que nace de
su voz, la aferro a cada uno de mis sentidos, me fundo con ella y soy feliz.
Mis ojos se encaprichan con su sonrisa, mi cuerpo se abriga con su urgente
presencia mientras mis labios empiezan a versar su nombre lentamente y me
siento completo. Su fino rostro se ha clavado en mi mirada, mis palabras se
hunden en vacíos profundos cuando dejan de referirse a ella. No hay opción. Me
ha gobernado el silencio para dejar latir mi corazón libremente, sin las alteraciones
propias a las que te conduce el verbo.
La
noche extiende su velo y restrinjo las horas de acuerdo a mis deseos, miro a
través de la ventana y siento que algo me conmina a salir. Pie por pie me poso
en el balcón, le doy a mis oídos el libre albedrío que necesitan y escucho el melodioso
canto del amor que se asoma presuroso como el paso de un cometa por el
firmamento, sacudiendo mis espacios inertes, avisándome que la felicidad tiene
nombre y se encuentra muy cerca de mí. Le pongo fin a la rabieta del pasado y
me enamoro de su compañía, me arrullo con la serenata que viste su risa,
recurro a ella una y otra vez, me asombro y lentamente lo asimilo, y es que
jamás sentí la necesidad de alguien en tan poco tiempo.
La
madrugada nos va poseyendo mientras las cenizas de la noche se van esparciendo
hasta disiparse como pompas de espuma. Ella yace dormida a unos metros de mis
huellas, yo la observo e intento eternizar aquel momento, ingresar a la galería
de sus recuerdos para que no se olvide de mí mientras los primeros rayos de luz
aparecen en escena como preludio del ascenso de la mañana. Es momento de
partir, de caer al llano y volver a sentirme mortal. Emprendemos caminos contrarios
y la extraño al verla alejarse a través de la cejilla de mis ojos, extraño su
mirada, su sonrisa, sus lindos gestos, aquellas muecas que me hipnotizaron, que
me envolvieron en una burbuja mágica donde todo tenía sentido.
Han pasado
algunos días y aún siento el aroma de su perfume convertido en mi oxígeno, no
he dejado de extrañarla y la siento inmersa en mis sentimientos, los mismos que
me hablan de ella y no me engañan, los que me prometen y cumplen, los que son
como son por así decirlo, sin la presión del tiempo ni de la razón, los que
celebro por ser una realidad que me da una vida certera. La siento entre estas
líneas como se lo prometí, pinto su imagen en mi mente y sin pincel y afianzo
sus contornos, desnudo mi amor y evito los rodeos que crean largos abismos.
Es
nuevamente de noche, así la conocí. Revive lo nocturno. El cielo cobija el
refugio de mi alma, estoy hablándole al mundo pero haré un silencio. Es momento
de pensar, de recordarla entre la paz de mis sueños, de iniciar la historia que
ate nuestras vidas esperando su consentimiento. Voy a hacer un silencio, voy a
alegrar mi vida, voy a soñar con ella, voy a soñar contigo.
