domingo, 9 de diciembre de 2012

Mea culpa

Siento algo de calor en este espacio, en esta burbuja de independencia mientras fuera de ella las personas parecen no inmutarse. Voy rodando como camino y en mi trayecto veo a mucha gente mirarme con asombro y algo de extrañeza, los ojos de todos ellos me sirven de espejo. Son muchos los que me ven y muchas cosas las que no puedo evitar ver de mí. No puedo restringirle libertad a mi asombro. El calor no se ha ido y empiezo a fatigarme, entonces decido llevar mi burbuja a un lugar que me permita descansar bajo la sombra aunque sea por un acto meramente reflejo, sin consecuencias esperadas pues ello no aminora la temperatura que me atrapa. Allí, se presentó ante mí uno de los problemas más serios del ser humano: el auto cuestionamiento, el auto análisis susceptible de caer en la subjetividad propia del que tiene ojos y no quiere ver. Estaba allí y decidí ejecutar semejante tarea despojándome de toda venda y criterio bondadoso que me beneficiase.

 "¿Quién soy? ¿Qué hace que mi vida marque diferencia en el funcionamiento del mundo? ¿Acaso el planeta dejaría de girar si yo no existiera? ¿Qué he hecho con mi presencia terrenal y con los que amo y más hiero a la vez?"

Necesitaba echarle mano a la astucia y tratar de librarme de la mayoría de mis pecados a través de la aceptación de los mismos. Era propio confesarme allí o allá, al fin y al cabo, según decían, Dios está en todas partes. Eso pensé y tomé ese pensamiento como mi nuevo imperativo categórico. Enarbolé mi bandera y empecé a echar mis brujas a la hoguera.

"Soy un individuo poco merecedor de gracia pues he faltado muchas veces a la fe que aún ahora me mantiene vivo. Soy arrogante y soberbio, a tal punto que nunca tomé la mano que me fue ofrecida cuando vivía con urgencias inapelables. Soy un manipulador irascible que me gusta tener el control sobre mi entorno para que me hagan la vida más fácil, sin oposición ni rozamiento. Soy asesino de sentimientos sin que me importe el emisor de los mismos, el perjuicio o el dolor de los que tienen corazón".  

Mis pecados no eran sólo esos, había decidido terminar el ejercicio de forma abrupta para no revelar mi verdadero rostro. El calor me abrazaba más fiero a cada segundo hasta la asfixia por lo que decidí dejar mi reposo en la superficie y continuar mi desplazamiento. Este calor era fuego y por más intenso que fuera no me hacía sudar. El silencio de mi espacio se vio invadido sin poder mostrar mayor resistencia que mi humilde concentración. Apenas tuve un segundo de templanza proseguí con mi desahogo.

¿Acaso nací para esto? ¿Era mi destino tumbar lo que no me costó construir? ¿Será que el desasosiego me empujó fuera del camino antes que me atrapara el horizonte?

En el tiempo que uno demora parpadear cancelé mis pretensiones de futuro para dedicarme exclusivamente a enfrentar el presente.

"Soy un falso profeta antojadizo para dar consejos pero que no cree ni una sola palabra de lo que profesa. Soy una persona envidiosa que desea tener hasta lo que no le sirve y no lo comparte. He jurado en vano tantas veces como mujeres he tenido, he enfermado a cuanto familiar he podido para excusarme ante el incumplimiento de mis obligaciones".

El calor ahora era insoportable, extremo. La bulla atravesó mi burbuja y los sonidos eran cada vez más estridentes. La noche iniciaba su gobierno en el exterior pero el trayecto de mi burbuja iba acompañado por luciérnagas acompasadas de manera fortuita.

A pesar de mis confesiones aún sentía un peso inmenso que aplastaba mi voluntad y la de mi alma como si la conciencia hubiera parido un yunque en mi cuello. Una noche no era suficiente para librarme de los pecados de toda una vida y ni siquiera me refiero al perdón de los mismos. Parpadeé nuevamente y me di cuenta que mi espacio estaba muy oscuro, sin luciérnagas ni destellos de tímida luz regalada del cielo. Lo que en algún momento fue bulla había dejado de serlo para convertirse en murmullos de lamentos y quejidos que mostraban agonía, dolor, angustia. La temperatura aumentaba en progresión geométrica y necesitaba ventilar un poco más la sabia de mi vida. La burbuja dejó de rodar y ello me fue suficiente para expresar mi último manifiesto.

"Soy un perverso observador del dolor de los demás, un espectador privilegiado de cuanta muerte se produce en la ciudad fuera de las que yo he causado con mano propia, crueldad y sin remordimiento. Soy un creyente fiel del que asegura que el fin justifica los medios aunque ellos consistan en las más horrendas acciones. Soy un vicioso deleznable, consumidor de todo aquello que me libere de la conciencia, creador de sub mundos donde mi verdad es lo único que cuenta y es en este sub mundo donde reino a placer y donde corre la sangre de mi descendencia, la que no permití que naciera sin que se presentase ante mí un algún miramiento".

¡Bienvenido! ¡No creas que el calor es intenso! ¡Mira a tu alrededor!- me gritaban. No había duda y valía un millón de vidas aceptarlo. Había estado caminando en círculos en el infierno.